Stephen R. Covey (fallecido el pasado 16 de Julio de 2.012), era uno de esos idolatrados personajes que tanto predicamento tienen en USA pues se dedican a “facilitar” el éxito a la gente, sin duda el primer mandamiento que a todo estadounidense le enseñan al nacer.

Como él, solo unos pocos han logrado tener presencia en los lugares de honor de las estanterías de las librerías de medio mundo, convirtiéndose en escritores record en ventas y superando incluso a las estrellas más “bestsellerizadas” de la narrativa internacional. Es evidente que los tiempos cambian y el pragmatismo vital parece haber vencido al decimonónico concepto del Romanticismo, entendido este como el desprecio a la siempre cruda realidad en favor de una vida no materialista dedicada al espíritu, el arte y la belleza.

No obstante Covey, con ser hijo de su patria y de su tiempo, era uno de los pocos autores americanos que, alejado del estereotipo tan frecuente del tele-predicador “flower-power”, podemos leer sin sospechas de superficialidad “yankee” en la mayoría de sus reflexiones.

De todas, sin duda su principal aportación a la explicación de los mecanismos que rigen el que podríamos definir como comportamiento práctico para desenvolverse exitosamente en la sociedad del siglo XXI, es la contenida en sus libros “Los 7 Hábitos de la gente altamente efectiva” y “El 8º Hábito”. Obras (sobre todo la primera) que van más allá de la mera fabulación, anclándose en investigaciones y estudios académicos que prestigian sus reveladoras conclusiones sobre el autoliderazgo.

Según el autor, “Los 7 Hábitos de la gente altamente efectiva” son:

  1. Sea proactivo: Actúe o los demás lo harán por usted.
  2. Comience con un fin en su mente: Busque sus destinos identificando su misión personal.
  3. Establezca primero lo primero: La vida es una cuestión de prioridad, no de tiempo.
  4. Pensar en ganar/ganar: El ganar/perder nunca ofrecerá continuidad, agotándose en sí mismo.
  5. Primero comprender y luego ser comprendido: Escuchar antes que hablar es la fórmula de la comunicación empática.
  6. Fomentar la sinergia: La cooperación creativa logra que, uno más uno sean tres.
  7. Afilar la sierra: Solo la mejora continua garantiza hacer lo mismo con menor esfuerzo.

“El 8º Hábito” nos habla de cómo interrelacionar adecuadamente el cuerpo, el corazón, la mente y el espíritu a partir de las necesidades, las pasiones, el talento y la consciencia.

Ni que decir tiene que las propuestas del Dr. Covey no son nuevas pues tampoco lo es el Hombre como tal, objeto de intensa reflexión filosófica a lo largo de los últimos milenios. Como todas, la riqueza de sus aportaciones se encuentra en la particular combinación que nos propone de actitudes y conductas ya conocidas y su adecuación a la tipología de sociedad actual.

Buscar respuestas absolutas a las preguntas absolutas que se plantea el Ser Humano siempre será un error por cuanto el conocimiento solo avanza cuando las preguntas nos quieren llevar a otras preguntas para conformar un largo camino, el de la sabiduría, cuyo final siempre será indeterminado.

Recomiendo positivamente la lectura de estas dos obras, aunque advierto que por más que busquemos nunca encontraremos en ellas (ni en ninguna otra más) esa soñada y constantemente anhelada “varita mágica” que nos resuelva sin esfuerzo el eterno problema de vivir felizmente nuestra propia vida…

Saludos de Antonio J. Alonso

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