La virtud de encadenar pocas palabras y que logren significar mucho nos referencia a la deseada eficiencia en el lenguaje que, si la unimos a la belleza, entonces nos llevará a construir poesía.

El título de este artículo es pura poesía tomada prestada del recientemente fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano quien, ante la imposibilidad de asistir físicamente a un evento de apoyo a un amigo, quiso testimoniar su presencia, aunque fuera de otra manera menos evidente que la física.

Hace ya seis años escribí… ¡El Directivo muerto en su despacho! como macabra alegoría de tantos “líderes” que detentan responsabilidades sobre equipos de trabajo y todavía desconocen cómo hacerlo. Hoy vuelvo a la cuestión pues soy conocedor, a partir de mi experiencia profesional como Business Coach, de lo mucho que todavía nos resta a todos por hacer en este sentido.

Y hablando de alegorías, traeré a cuento esa que asocia a todo directivo con una cuerda atada a un peso. Peso que no es otra cosa que los objetivos que se ha comprometido a cumplir en el seno de la organización en la que trabaja y cuyo arrastre cada vez es más difícil por el exponencial crecimiento de las dificultades que los mercados imponen a las empresas.

Es evidente que “la unión hace la fuerza” y solo este axioma explica y justifica la necesidad de configurar equipos eficientes que sumen todas las energías de sus componentes, cada cual en acuerdo con su potencialidad. De otra manera, los pesos tras las cuerdas no podrán arrastrarse o se arrastrarán tan lentamente que el avance siempre quedará lejos del marcado por la competencia.

Dicho esto, cuya evidencia no sorprenderá a nadie, la cuestión es más bien si en el acto de arrastrar el peso debe estar siempre presente el líder del equipo o no necesariamente. En la respuesta a este dilema radica la solución de los devenires de tantos directivos cuyas ansias de imposible ubicuidad en el trabajo les llevan reiteradamente al encadenamiento de fracaso tras fracaso profesional.

En definitiva, todo líder que considere que sin él las cosas nunca funcionan ya está aceptando su imprescindibilidad como un requisito necesario para el éxito y lo que es peor, en muchas ocasiones incluso suficiente.

Al final y por simple que pueda parecer, todo se reduce a aceptar que lo importante no es lo que pasa cuando el líder está sino aquello que ocurre cuando no está, por lo que siempre les recomendaré llegar a… “estar sin estar, estando”

Saludos de Antonio J. Alonso

Antonio J. Alonso Sampedro

Business Coach

Alonso-BUSINESS COACHING

http://www.alonso-businesscoaching.es/
http://www.alonso-businesscoaching.es/blog/

Coach Profesional Senior