Ser igual a los demás piensan algunos que es un signo de evolución social mientras que distinguirse es el espíritu que siempre ha caracterizado a los individuos que quieren progresar.

Efectivamente, la igualdad es un logro de las sociedades desarrolladas en la garantía de los derechos y obligaciones de las personas que las componen, pero no tiene ningún sentido cuando trasciende más allá hasta el ámbito de sus intenciones y actuaciones para mejorar.

A mediados de los años ochenta triunfó en la juventud (en mi juventud) las cazadoras de “Desigual”, una firma de moda renacida ahora cuyo lema… “Desigual no es lo mismo” se aplicaba a unas prendas divertidas por sus motivos Disney, confeccionadas con retales de tejido vaquero usado y diferentes unas de otras hasta no encontrar dos iguales. Todos queríamos tener una chaqueta única pero de Desigual, una marca no única pues era compartida con los demás. Es curioso pero a partir del siglo XX la exclusividad ya no se entiende por lo estrictamente único (lo artesanal), si no por aquello que siendo escaso es compartido con otros bajo el concepto de marca con pretensiones de exclusividad (Rolex, Ferrari, Armani…) y que restringe el circulo de sus poseedores, casi siempre, a su estatus económico y social.

Por tanto, es evidente que en aquello que compramos y por consiguiente tenemos ya no hay nada verdaderamente desigual con independencia del valor de lo adquirido, por lo que la única forma de buscar la verdadera singularidad personal solo puede venir por la vía de lo que realmente somos. Desgraciadamente, las sociedades actuales solo fomentan la supuesta desigualdad por aquello que tenemos sin atender a nuestra personalidad, lo cual nos traslada una responsabilidad particular e intransferible que cada cual deberá asumir en función de su aspiración vital.

En el ámbito profesional es donde quizás gana todavía más importancia el concepto de desigualdad pues, bien seamos empresarios, autónomos o empleados, nuestra aportación de valor personal pasará por ofrecer soluciones a los problemas y ello siempre será más difícil transitando por los caminos conocidos que por los novedosos, es decir, siendo igual que desigual. Las empresas y demás organizaciones precisan de la diferenciación para triunfar y esta será imposible obtenerla a partir de equipos iguales y dentro de estos, de personas con igual estilo y capacidad. Una empresa de iguales puede llegar a ser tan insulsa como una paella de arroz, pero de solo arroz, sin más.

Yo tuve una cazadora de Desigual por no querer ser igual a los demás y hoy estoy convencido de que puedo ser desigual aunque mi cazadora ya sea muy igual a las de los demás…

Saludos de Antonio J. Alonso

Antonio J. Alonso Sampedro

Business Coach

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