Quien haya cogido una raqueta en alguna ocasión conoce del insondable misterio por el que unos días todas las bolas entran y otros no… aun cuando pueda parecer que siempre las golpeamos con la misma intención.

Quien vive su trabajo con la aspiración de cada día ser mejor también encuentra difícil explicación a esa pertinaz ambivalencia que sucesivamente determina los buenos y malos resultados de los que parece no encontrar fin nunca la voluntad y el tesón.

¿Cuál es nuestra equivocación…?.

Pues simplemente la de solo considerar del orteguiano… “yo soy yo y mis circunstancias”, las segundas sin apenas reparar en el primero. No es más, pero tampoco menos.

Es evidente que un día de viento puede condicionar negativamente en la cancha el resultado de nuestros golpes, así como una crisis económica elevar alpinamente el camino de nuestras ansias de progreso profesional o empresarial. Esto es indudable aunque no determinante, pues hay otro factor en juego: “Yo”.

Si ante los repetidos fallos cometidos por la molesta y sorpresiva injerencia de un viento racheado no somos capaces de entender que el mismo también forma parte del partido de tenis al igual que las bolas, la red y nuestro contrincante, entonces caeremos por el peligroso tobogán del balsámico reproche justificativo cuyas consecuencias siempre adversas apuntarán directamente a nuestra autoconfianza y motivación.

Si los muchas veces infructuosos esfuerzos por mejorar nuestra situación laboral no nos trasladan el retorno esperado llevándonos frecuentemente al desanimo y hasta la inacción, entonces seremos nosotros mismos quienes estemos contribuyendo significativamente al alimento de esa decepción por no entender que lo que de nuestra parte hay que poner nunca pero nunca deberá faltar, escapándonos así irresponsablemente de esa necesaria contribución.

Las personas de éxito se distinguen, entre otros méritos, por saber siempre cuál es su responsabilidad en aquello que no están consiguiendo para entonces acometer sin ambages su resolución, olvidándose de ese viento molesto que al fin y al cabo solo es y nunca será más que invisible aire en movimiento…

Saludos de Antonio J. Alonso

Antonio J. Alonso Sampedro

Business Coach

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