Si la madurez tiene algo de positivo es que, llegados a ella (pues antes sería un despropósito), nos permite poder responder a la cuestión que titula este artículo. Claro, eso siempre que nos la formulemos, pues hay quien finaliza sus días tal y como los comenzó, en una eterna infancia decisional en la que es capaz de manejar todas las preguntas sin lograr contestar ninguna respuesta.

Volviendo al título mencionado, es evidente que la interpelación excluyente que este propone no es exactamente la que en la práctica se ajusta más a la realidad, pues caben múltiples matices de elección entre los dos extremos señalados (serenidad o pasión). Sin embargo y con independencia de la situación finalmente escogida en nuestro dial vital, lo normal es que nos encontraremos más cerca de un lado que del otro y en esto influirá decisivamente la idiosincrasia de cada cual.

Así las cosas y para simplificar mi análisis me referiré a los dos términos opuestos utilizados en el encabezamiento aun a riesgo de recibir las sugerencias de algunos lectores impulsivos que no hayan reparado en el párrafo anterior y me trasladen, con toda su buena intención pero despistadamente, los tradicionales… “no todo es blanco o negro” o también, “en el centro está la virtud”. Créanme, ya lo sé y creo que nunca dejaré de compartirlo.

Continuando entonces diré que defiendo la idoneidad de perfilar una toma responsable de postura sobre el estilo de vivir pues esta decisión determinará nuestras bases troncales de actuación en la vida. Por comenzar por lo más sencillo y esquemático, es evidente que optar por la serenidad obligará a un mayor conservadurismo actitudinal, asumiendo menos riesgos en cada situación lo que nos llevará a minimizar los fracasos pero también a limitar los éxitos. Por otra parte, elegir el apasionamiento como estilo de vida nos instalará irremediablemente en el frenesí de una montaña rusa del que podemos esperar grandes sensaciones, aunque repartidas en sentidos opuestos, jugando a la lotería de que las positivas puedan superar a las que no lo son tanto o viceversa.

Por supuesto que, cualquiera sea el signo de nuestra elección, siempre estará condicionada por las experiencias atesoradas en el pasado y que determinarán parte de nuestras simpatías por una u otra alternativa. Simpatías que habitualmente no solemos considerar de forma muy imparcial, lo que trataré de explicar tomando como ejemplo el área de la vida de las relaciones de pareja por su generalidad y alta representatividad.

Podríamos decir que, tanto quien apostó por relaciones sentimentales estables y duraderas (serenidad) y es feliz como quien su opción fue la de abordar periódicamente nuevas y misteriosas aventuras amorosas (apasionamiento) y también es feliz, continuarán obviamente con el modo de vida que tan positivos resultados les ha ofrecido. Por el contrario, en el caso de que sus experiencias hubieran sido negativas, a ambos les resultará más difícil implementar una decisión de cambio en su orientación sentimental, siendo lo habitual el mantener una continuidad resignada a su propio destino.

Por consiguiente, la elección entre serenidad o apasionamiento como estilo de vida a desarrollar, siendo conveniente y hasta necesaria, en realidad no es tan sencilla como esta esquematización a dos simples palabras pueda parecer, pues tiene mucho de estructural (de nuestro temperamento) y menos de coyuntural (de nuestro carácter), lo que nos complica sobremanera el proceso efectivo de cambio. Aun así, siempre recomendaré (por experiencia propia, lo confieso) que los pasionales se serenen para que los serenos puedan apasionarse…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro

Antonio J. Alonso Sampedro

Business Coach

Alonso-BUSINESS COACHING

http://www.alonso-businesscoaching.es/
http://www.alonso-businesscoaching.es/blog/

Coach Profesional Senior