Trabajar a pie de obra fue la dolorosa condena sentenciada al pecado de Adán que, según el relato bíblico, todos resignadamente hemos heredado a la espera de un milagroso indulto que ahora ya nos parece mucho más cercano por el efecto salvador del imparable desarrollo de los Sistemas de Información, que han logrado estrechar veloz y visiblemente la cintura del mundo actual.

Adán falleció, pero hoy algunos de sus descendientes se obstinan en que no nos llegue el perdón y así perpetuar el rito procesional sufrido en las horas punta de las jornadas laborables en la gran ciudad. Todos juntos a su sitio a trabajar y luego de vuelta a casa consumiendo el apretado tiempo del que mal disponemos y unos nervios que luego nos impiden disfrutar y descansar.

Si algo caracteriza a la Tercera Revolución Industrial (¿o es la Cuarta ya?) que ahora nos contempla es que precisamente ya no es materialmente industrial sino nebulosamente virtual, constituida a partir de nada que se pueda tocar pues se basa en la electrónica comunicacional. La geografía, como histórica condicionadora de nuestro actuar, ya no tiene ese sentido escolar cuando las distancias en lugar de medirse entonces en kilómetros ahora se calculan en un caudal de bits transferencial. Valencia puede llegar a estar más lejos de Alicante que de Sebastopol para asombro de cualquier cartógrafo del siglo anterior. De aquí a la teletransportación de personas y cosas parece que solo media el transito restante a una próxima Revolución Industrial.

La realidad del geométrico progreso tecnológico actual nos permite hasta que ya no sea imprescindible estar en cada lugar para interactuar, gestionando nuestra vida a una distancia tal que la Tierra parece una canica de cristal. Esto es tan así que en el mundo laboral bien parece no sería necesario en muchos casos desplazarse a trabajar si no fuera porque siempre hay alguien que no confía en nuestra honestidad, sospechando que la ausencia de presencia necesariamente derivará en fraude e impunidad.

No nos confundamos, el teletrabajo como alternativa generalizada laboral en el mundo empresarial hoy en día es una autentica entelequia, que no viene condicionada por una tecnología ya suficiente para lograr garantizar la deslocalización efectiva de muchos empleados, sino que dependerá de la consideración a su responsabilidad que de ellos tengan sus superiores y esta doy prueba por conocimiento propio que ahora es muy limitada o aun diría más, es desgraciadamente marginal.

Aquellos descendientes de Adán son estos jefes que parece se alimentan compulsivamente de la asistencia presencial de unos subordinados para los que fichar parece debe ser más una cuestión de esclavismo territorial que de simple reporte eficiente de su actividad profesional. Y es que muchos de quienes gobiernan nuestras empresas todavía no entienden que…

¡Lo importante es el rendimiento y no el tiempo o el lugar…!

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro