Si lo racional y lo emocional constituyen los dos sustentos más intangibles y libres del trípode que conforma en el hombre su compendio vital, el cuerpo se configura como la tercera extremidad cuyo carácter eminentemente material nos condena a una esclavitud dependiente de las leyes de la física y la química y por consiguiente de nuestro atento cuidado personal.

El Coaching, además de otras también, es una disciplina que preconiza el cambio como la herramienta principal de desarrollo personal. Yo mismo defiendo convencidamente el cambio enarbolando esta popular declaración de principios, incuestionable y de aplicación universal: si siempre hacemos lo mismo, siempre obtendremos lo mismo. Pues bien, si hay algo en nuestra biografía sin posibilidad evidente de intercambiar  ese  es  nuestro  cuerpo,  fiel  compañero existencial que nunca nos abandonará hasta llegar al final.

Así  las  cosas,  parece  inexplicable  que  lo  único  que  en nosotros no tiene sustitución sea aquello que no protejamos con   más   ahínco   y   fervor,   que   lo único   que   condiciona realmente el plazo de nuestro transito por este mundo tan difícil  pero  tan  cautivador  no  sea  prioridad  y  si  indolente olvido que esperanzadamente confía en un aleatorio destino que a nadie asegura la salud ni un futuro prometedor. ¿Cabe mayor despropósito y mayor error…?

Hace algunos años, en  El Plan de Pensiones Físico, defendía la conveniencia y posiblemente necesidad de emparejar la prevención  económica  con  la  corporal  para  lograr  llegar  a nuestro último tercio de vida (25 años o más) en condiciones suficientes de disfrutar en lugar de por falta de previsión, mal vivir y penar. Si todos los que percibimos ingresos somos capaces de realizar hoy un esfuerzo económico por ahorrar (por vía privada y/o cotizando a la seguridad social) con el objetivo de más tarde podernos financiar, ¿qué razón explica que no observemos la misma intención para tratar de asegurarnos una mejor calidad de vida corporal? Parece no haber explicación lógica o ¿si la hay…?

Claro que la hay, pues todo logro en esta vida se mide por esfuerzo y este ejerce como moneda de cambio de lo que queremos   y   podemos   comprar,   de   lo   que   aspiramos   a alcanzar. En definitiva, cuánto me cuesta conseguir algo y cuanto estoy dispuesto a por ello pagar. Pues bien, todo lo relacionado con el cuidado físico parece que nos supone una cuenta difícil de aceptar, tan cara que llega a no importarnos él  como  por  dentro  o  por  fuera  podamos  llegar  a  estar. El mientras el cuerpo aguante o que me quiten lo bailao no parece forma de interpretar una vida que más que gastada debiera ser protegida para ahora y luego poderla realmente disfrutar.

En La Vida en 3D pretendí  definir  geométricamente  nuestra existencia  en  formato  real,  tridimensionándola  en coordenadas de longitud, anchura y altura, todas susceptibles y convenientes de estirar, siendo la primera esa que corresponde al tiempo por vivir y de quien nuestro cuerpo es el principal guardián. Una vida ancha y alta pero corta, poco volumen  nos  reportará,  pues  necesitamos  del  tiempo  para todo y de todo para probar, valorar y finalmente decidir con que nos queremos quedar.

Porque  de mi cuerpo no me puedo  divorciar,  no me avergüenza confesar que desde muy joven llevo cuidándolo con esfuerzos y renuncias pues mi  salud es, de todo, lo que más valoro  y a  la  postre siento que ello me  revertirá  en un horizonte vital todavía pleno de posibilidades de disfrutar de una energética realidad que hoy, a mis cincuenta y siete años de edad, pretendo alargar en cantidad y calidad. Esto mismo, por mí comprobado, recomiendo de todo corazón a los demás…

 

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro