¿Quién no ha pretendido, en algún momento de su vida, comerse un Elefante?. ¿Y por que no ha podido?. ¿Cuáles son las consecuencias de la presumible indigestión?. ¿Volveremos a intentarlo?. La vida de las personas esta llena de deseos e ilusiones. Tantas como el largo de vista de cada cual. El ser humano se ha distinguido
desde siempre por su afán de conseguir, de conquistar, de ambicionar. Y
esto le ha hecho ocupar el lugar de preeminencia que, como especie,
disfruta en la naturaleza.
Querer, soñar, ilusionar, desear, ambicionar, son motores del
comportamiento humano que nos llevan a superarnos día tras día. Y esta
superación se ampara en el mismo principio universal que guía los pasos
de todos nosotros: la consecución de un beneficio o la evitación de una
pérdida. No nos movemos sin una motivación.
La sociedad actual se maneja por condicionantes de adquisición.
De adquisición de bienes materiales y también de inmateriales. Pero en
todo caso por deseos de alcanzar, de conseguir. Pretender escapar a esto
es vivir de espaldas al mundo que contemporáneamente nos ha tocado
disfrutar.
Pues bien, si nos pasamos la mayor parte de nuestra vida “alcanzando” y “consiguiendo”, ¿por qué no logramos todo lo que
deseamos?, ¿qué nos impide llegar hasta nuestros sueños?.
En algunas ocasiones, la consecución de deseos vendrá
determinada por nuestro mal tino al valorar nuestras propias capacidades
y posibilidades. En otras, a factores externos a nuestra persona sobre los
que podemos tener poca capacidad de actuación. Pero en la mayoría de
los casos, solo existe un responsable: nosotros mismos.
Verán, en mi experiencia profesional como Coach de “Mejora del
Rendimiento Profesional de Directivos” y tras interactuar con muchos y
muy variados tipos de personas, he llegado a la siguiente conclusión:
casi todos nosotros tenemos deseos y objetivos que queremos alcanzar
en nuestra vida profesional y personal (destinos a los que llegar), pero
muy pocos desarrollan el método para conseguirlos (elegir el camino).
La razón de todo ello estriba en nuestra cierta “miopía mental” a la
hora de resolver los problemas y alcanzar nuestros objetivos. Los
abordamos a todos por igual, como si su complejidad no fuera suficiente
para un tratamiento diferenciado. Los analizamos a todos de forma
mental.
Pero debemos considerar que la mente humana no es capaz de
afrontar mas de tres secuencias de actuación enlazadas entre si. De esta
forma, mentalmente somos capaces de resolver los objetivos sencillos
(aquellos que solo precisan de dos o tres pasos de actuación), pero
nunca los complejos.
Y cuales son esos objetivos complejos: LOS ELEFANTES. Esa
manada que gira constantemente a su alrededor y que le abruma
quitándole la luz y el aire para respirar.
Nadie duda de la imposibilidad de comerse un Elefante en tres
trozos. Pues ese es el método que utilizamos normalmente al resolver
nuestros conflictos complejos. Aplicar el mismo método a todas las
situaciones no parece una estrategia muy afortunada. ¿Alguien afirmaría
que para elegir nueva vivienda debe hacer lo mismo que para colgar un
cuadro en la pared?. Sin duda el primer objetivo requerirá un plan de
actuación mucho más complejo que el segundo. Plan de actuación que no
es sencillo formular mentalmente.
Por tanto, la mejor forma de comerse un Elefante es cortarlo en
tantos filetes como sean necesarios para poder digerirlo y sin
importarnos su número. En la mayoría de las ocasiones, tratamos de “atajar camino” en la resolución de nuestros problemas reduciendo el
número de nuestras actuaciones. De esta manera sólo conseguimos
construir escaleras de dos o tres peldaños para subir al piso de arriba.
Y
una escalera con tres escalones de un metro no hay quien la suba. Si
nuestro objetivo final es comernos al Elefante, no importarán los días que
precisemos.
En conclusión les diré que, el secreto para la consecución de
nuestros objetivos y deseos, no es otro que la fragmentación en tareas
menores que sean alcanzables fácilmente una por una. El secreto de subir
un piso no es otro que la utilización de una escalera cuyos pequeños
peldaños faciliten la ascensión.
El arte del Éxito Profesional y Personal que practican muchas
personas triunfadoras en todo el mundo consiste en “dividir para vencer”.
Dividir los problemas para conseguir su más fácil resolución. El arte del Éxito no es otro que conseguir ser capaz de diseñar nuestras propias
escaleras para que nos conduzcan hasta el cielo de nuestros deseos.
Y eso sólo lo conseguiremos a partir de la Planificación Creativa, de
la que les hablaré en otra oportunidad.
Antonio J. Alonso Sampedro
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