Madrid, 1995. Era una estudiante de Psicología que también trabajaba los fines de semana para pagarme la carrera. Podría decir que el gusto por el aprendizaje me llevó a invertir mis ingresos en poder realizar formaciones, entre ellas: inteligencia emocional. Justo esta decisión, me proporcionó la posibilidad de trabajar en una empresa pionera en España en estas temáticas. Cuánto aprendí en ese año 2000. Además allí concedían la posibilidad de realizar formaciones, así que estaba encantada. De pronto, nos sorprendieron con una novedad: “Nos van a impartir a todo el Equipo un Curso de Coaching”. Nadie sabía lo que era.
Aprendí que eso del “Coaching” era algo apasionante y me preguntaba “¿Cómo en la carrera de Psicología no nos hablan de esto?”.
Era una metodología utilizada en la relación de ayuda y ya se veía que podía tener una enorme expansión. Me seguí formando y me esforcé para conseguir varias certificaciones. Estaba emocionada. Eso sí, en paralelo tuve que escuchar bastantes críticas. No comprendía muy bien el interés en crear esa rivalidad entre psicología y coaching. Sentía que eran muy compatibles. ¡Se podía ayudar de tantas formas! Bastaba con saber qué podía aplicarse en cada caso. A veces lo nuevo y desconocido producía rechazo. Mi compañero y amigo de la Facultad me criticaba hace 25 años por mi gusto por el coaching y en cambio, ahora él es psicólogo y también profesor de esta metodología. Tenemos derecho a cambiar de perspectiva. Bravo.
Esta vida es dinámica y es así como nos brinda la posibilidad de conocer nuevos horizontes. Hay gran demanda de profesiones de ayuda y también es vital que cada profesional sepa las limitaciones y vea a quien puede o no atender. Desde mi punto de vista, esto es un tema más relacionado con la ética, que se ajusta con los valores de una persona y que se comprueba también en su faceta profesional.
Es cierto que derivar a una persona al profesional más cualificado para que atienda su caso puede suponer una pérdida definitiva de ese cliente, pero desde mi perspectiva lo que es vital es que la persona en dificultad, pueda ser atendida por el profesional de la salud mejor cualificado para su caso. Es aquí, en este punto donde la ética o su ausencia, se hacen presentes. En mi caso, desde hace 20 años, no tengo problema en derivar casos a psicólog@s.
Estoy rodeada de profesionales que pueden atender y es así como se teje una red de ayuda muy enriquecedora. Tod@s tenemos un importante lugar en cada momento y en cada fase que atraviesa una persona. En nosotros está la sabiduría de conocer si es nuestro lugar o bien si no nos corresponde, ser humildes y saber sonreír para ceder el asiento a quien le corresponda.
En mi caso, seguí caminando, aprendiendo y formándome. Involucrada con la investigación emocional conseguí ser Doctora en Psicología, sin dejar de ser Coach Senior Profesional. Se puede compatibilizar, de veras. Con cada persona se requiere saber qué sombrero hay que llevar. El buen profesional saber discriminarlo.
¿Qué me parece la metodología del coaching profesional? En realidad estamos ayudando a personas que vienen a las sesiones a ser más conscientes de lo que piensan, sienten y hacen. Son minutos donde les acompañamos en sus reflexiones, a elegir por sí mismas lo que desean. Donde por fin aprenden a atender sus necesidades personales, comienzan a darse prioridad y se van alineando interiormente.
Muchas personas aprenden que negociar con los demás para conseguir lo que necesitan, es una habilidad a potenciar gradualmente. Les encanta conseguirlo. Se dan cuenta de que pueden ser asertivas y disponer de límites en su vida profesional para comenzar a mejor vivir su vida personal. Es una estupenda fuente de energía y motivación ver cómo van consiguiendo, cada quien a su ritmo, los logros que necesitaban.
Pasados ya 25 años de aquel momento inicial donde oí “coaching” el balance es muy positivo: ya en las Universidades les suena esta metodología y es parte de algunas asignaturas, incluso hay postgrados universitarios que ayudan a formarnos en este método socrático y me ha encantado coordinar uno de ell@s durante más de 15 años. Un sueño académico hecho realidad. Es impactante el espectro que ha abarcado el coaching en mi vida: de no saber nada de esa palabra hasta convertirse durante años en mi profesión y la profesión de más personas a quienes formaba: Tejer una red de redes. ¡Fantástico!
También destaco que es favorable por todo lo aprendido de mí, de los demás y todo lo que me ha enseñado a comprender que cada persona es única y maravillosa por ello.
Siento que cada proceso me ha regalado nuevas perspectivas y experiencias. Por supuesto, recomiendo con muchas ganas: vivir la experiencia del coaching de forma personal para conseguir un reto que se nos está resistiendo y que deseemos conseguir.
A 2025: ¿Qué te impide ponerte en marcha? J
P.D.: Recomendable 100% vivir proceso de coaching de la mano de un coach profesional como los que hay en ASESCO. Sea quien sea y de la categoría que sea, porque lo importante es conectar con esa persona y sentirnos acompañad@s y protegidos con profesionales en este camino personal repleto de aprendizajes.
Elena Fernández Carrascoso
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