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La escucha.

  • Enviado por: ASESCO

¿Sabes escuchar?

Si te preguntara si sabes escuchar y tuvieras que responder con honestidad ¿qué responderías? 

Tu respuesta tiene mucho que ver con lo que signifique para ti “escuchar”.

Hagamos primero un repaso de lo que no es escuchar para ir centrándonos.

¿Te ha pasado alguna vez que aguantas impacientemente en silencio a que la otra persona acabe de hablar para hablar tú? Como si fuera un juego de mesa, en el que cada participante tuviera que mover ficha o sacar una carta.

Permíteme que te cuente que escuchar no es solo no interrumpir. No es aguantar la respiración mientras preparas el discurso prefabricado, porque, total, “ya sé lo que me va a decir”, porque total, yo ya sé cuál es la respuesta correcta, porque yo sé que tengo la carta ganadora.

Escuchar no es un juego y tampoco es una competición.

¿Te ha pasado alguna vez que cuando la otra persona te está contando algo te puede la impaciencia e interrumpes a cada rato para hacer preguntas?

A mí sí me ha pasado y permíteme que te cuente otra cosa. Cuando haces eso, cortas la energía del relato y pones el foco en ti, desviando la atención hacia lo que tú necesitas saber. Cuando haces eso, le quitas valor a lo que te están contando y te conviertes en el director/a de la narración.

¿Te ha pasado alguna vez que cuando te están contando algo comienzas a disfrazar el relato con juicios e interpretaciones?

A mí sí…

Y permíteme que te cuente.

Escuchar no es dar tu opinión Tampoco es aconsejar, ni siquiera verbalizar. Escuchar es estar presente para la otra persona. Es poner a su disposición tu “yo” libre de juicios y permitir que pinte tu lienzo en blanco para que pueda mirar su obra y comprenderse mejor. Es poner el foco en la otra persona y agradecer que te acoja en su hogar, que te abra las puertas de su mundo y te muestre sus vistas.

Porque escuchar no es aconsejar, tampoco querer controlar la ruta. Escuchar es aceptar la mano de quien quiere que le acompañes en el paseo de las calles de su mundo para mirar desde sus ojos, para prestarle los tuyos solo si te los pide, para que a través de ti pueda diseñar su camino de baldosas amarillas.

Escuchar no es hacer lo que no “puede” hacer la otra persona, no es tapar sus agujeros, tampoco invalidar sus emociones “incómodas” con pompones ni frases de tazas de “Buenos días”.

Escuchar es una forma de amar , una forma de estar desde la que confías plenamente en que la persona que tienes delante estás llena de recursos, desde la que la miras como el milagro que es, desde la gratitud de haber sido elegida para compartir un trocito de su camino.

Eso, “solo” eso, es escuchar…

Y ahora te pregunto, tú ¿sabes escuchar?

 

Silvia González Elecalde
Coach Asociada Certificada Nº11378
Email: sgelecalde@gmail.com
Tlef.: 670 632896

 

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