Coaching aplicado a la educación temprana.

  • Enviado por: ASESCO

Semillas de Identidad: El Coaching Aplicado a la Educación Temprana

Entre los 0 y 7 años de edad se plantan en el cerebro las semillas que posteriormente harán que florezca en los seres humanos el amor o el miedo, la confianza o la inseguridad, una sana autoestima o una carencia de ella. Como figuras de referencia los padres tenemos el privilegio –y la responsabilidad– de elegir que sembramos mediante nuestro lenguaje, nuestros actos y nuestra presencia.   

La maduración del jardín cerebral

Las conexiones neuronales se forman gradualmente. El cerebro infantil no está preparado para razonar de manera lógica, analítica o crítica como el de un adulto. Por ello, exigir que un niño planifique o razone según nuestros estándares es ignorar su biología. Nuestra labor es adaptar nuestra forma de actuar a sus capacidades reales según su etapa de desarrollo.

Para cultivar un entorno de crecimiento saludable, podemos apoyarnos en los siguientes pilares:

Acompañar los sentimientos

Es importante no tapar sus emociones, quizás recuerdas algunas de las frases que te decían cuando eras pequeño o pequeña: «No estés triste que te pones fea», «los niños no lloran», «no te enfades», etc. Huye de este tipo de frases, acompaña a tus hijos en sus emociones sean las que sean. Para poder hacerlo es importante ponernos en su lugar con frases como «Entiendo que estés enfadada, debe de ser duro para ti que tu amiga te haya quitado ese juguete», «Comprendo que estés triste es duro que un amigo te diga que ya no quiere serlo ».

Empatía y validación

Identificarnos con nuestros hijos y sus sentimientos es una buena forma de ayudarles a conocerse y gestionar sus emociones. Al sentirse acogidos y acompañados, aprenden que lo que les indica su cuerpo por medio de las emociones es real.

Para nosotros debería ser mucho más sencillo empatizar con nuestros hijos, al fin y al cabo hemos pasado por ahí. Seguro que recordamos muchas escenas que recordamos con rabia, como por ejemplo: «Aquella vez que me caí me hice daño y encima me regañaron por torpe».

Predicar con el ejemplo

Las neuronas espejo se encargan entre otras cosas de copiar comportamientos de ahí la importancia que tiene todo aquello que hacemos o decimos delante de nuestros hijos. Si quieres que tus hijos lean, que te vean leer. Si quieres que tus hijos sean ordenados, has de ser ordenado. Si quieres inculcarles el valor de la sinceridad, sé sincero con ellos. Si quieres que te hablen de sus sentimientos, háblales de los tuyos.

Existe una frase que algunos atribuyen a Gandhi que dice: «Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo». Voy a tomarla prestada y a modificarla: «Potencia en ti aquellos comportamientos que quisieras ver en tus hijos».

Lenguaje Positivo

Piensa un momento y analiza el lenguaje que usas con tus hijos, a veces, somos muy dados a especificar detalladamente aquello que nos molesta pero en general somos menos dados a ensalzar los comportamientos que nos gustan. Solemos repetir frases como: «Recoge tu cuarto, siempre está hecho un desastre», «lávate los dientes, nunca te los lavas», «dúchate, si fuera por ti no te ducharías nunca», «para ya, estate quieto, calla un rato, esto es así y punto, porque lo digo yo, …». ¿Te ves reflejado o reflejada?

¿Cómo te sentirías si tu jefe o jefa te recordara siempre las cosas malas que haces y solo alguna vez te reconociera algo bueno? ¿Estarías motivado o motivada en tu trabajo? ¿Qué concepto tendrías de ti mismo o de ti misma? ¿Y si fuera tu pareja quien te hablara así? ¿Querrías estar con él o ella?

Asegúrate de que al final del día los mensajes positivos que lanzas a tus hijos superen con creces los negativos.

Creencias

Hay dos tipos de creencias, aquellas que tomándolas como hechos ciertos influyen negativamente en la consecución de nuestros objetivos (limitantes) o aquellas que influyen positivamente (potenciadoras).

Con nuestro lenguaje y comportamiento transmitimos a nuestros hijos la visión que tenemos del mundo. La repetición continuas de frases y comportamientos se graba en su cerebro y más aún si van asociadas a emociones fuertes de miedo o felicidad.

Cuando repites frases como: «La vida es sufrimiento», «la gente es mala», «piensa mal y acertarás», «tus necesidades no son importantes», «errar es fracasar», «el dinero es el origen de todo el mal», «mejor ser pobre y honrado que rico» instalas en el cerebro de tus hijos una visión según la cual el mundo es un lugar peligroso, donde no puedes opinar, donde mejor no hacer nada nuevo para no fracasar y donde dinero lo corrompe todo. Sustituye esas frases por estas otras: «La vida es una experiencia maravillosa», «hay mucha gente buena en el mundo», «eres un ser valioso e importante», «no hay fracaso, solo resultados y aprendizajes», «el dinero es una herramienta, depende del uso será bueno o malo»

Huir de las etiquetas

Imagina que pegas una pegatina en papel de seda, haces fuerza con tu dedo para pegarla más fuerte. Cuando quieras quitarla te va a costar, probablemente rompas el papel. Algo así ocurre cuando etiquetamos a nuestros hijos, al ser pequeños no pueden saber cómo son, se conocen a través de sus figuras de referencia. Cuando decimos frases como «Tienes tu cuarto sucio, eres un guarro », «te pasas el día en el sofá eres una vaga», «eso es mentira, eres un mentiroso», «dale un beso a la vecina, eres una vergonzosa».

Cuando usamos el verbo ser hablamos a nivel de identidad. Cambia tu lenguaje: «Ahora te estás comportando como una persona vaga, mentirosa, tímida y/o vergonzosa». Recuerda que tus hijos aprenden a conocerse a través tuya. Si dicen una mentira no son mentirosos, simplemente han dicho una mentira, algo que seguro también has hecho alguna vez.

Niños y niñas vienen al mundo repletos de sueños en nuestras manos está acercarles a ellos o convertirlos en pesadillas, tú eliges.

Marcos Gómez Juan CAC 10785
marcosgomezj@gmail.com